La Práctica de No-Hacer
y la Aventura Congelada de Olaf

por Philip Watson

Anoche mientras arrullaba a mi pequeño hijo Alexander, los dos veíamos el corto de Disney titulado Olaf: Otra Aventura Congelada. En la película (*alerta de spoilers*) Olaf, el amigable muñeco de nieve parlante, se embarca en una búsqueda para encontrar una tradición navideña para sus amigas Anna y Elsa. Busca por todos lados, coleccionando toda clase de tradiciones en un trineo, y eventualmente las pierde todas cuando el trineo se incendia y cae a un precipicio. 

Y luego vuelve a incendiarse.

Mientras Olaf, totalmente abatido y desesperanzado, se revuelca en el odio a sí mismo, Anna y Elsa lo encuentran y le revelan que en realidad él mismo es su tradición navideña, y siempre lo ha sido.

Ahora bien, si lo miramos de manera superficial, esta puede parecer simplemente otra versión de la típica historia melosa de Disney. Y en un nivel quizás eso sea cierto. Pero creo que si miramos un poco más de cerca, algunos temas profundos empiezan a aparecer. 

El Circling revela transmisiones profundas de la cultura popular

He encontrado que uno de los maravillosos efectos secundarios de hacer regularmente la práctica de meditación-en-conexión conocida como Circling es que empiezo a sentir que el Universo (y todo lo que hay en él) se está comunicando conmigo.

(¿Acaso esto te suena familiar? ¿O quizás te parece presuntuoso, o tal vez absurdo? Conforme leas, te invito a simplemente notar qué reacciones emergen en ti.)

Para mí esto suele hacerse presente en la manera en que recibo expresiones de la cultura popular como películas, series, canciones y novelas. Cuando veo una película últimamente—incluso una bastante simple, dirigida a un público que incluye a mi hijo bebé—suelo ver cómo hay una verdad profunda de la realidad que está queriendo revelarse a sí misma a través de esta expresión creativa.

Olaf el buscador espiritual

Algo que me llamó la atención fue cómo la aventura de Olaf tiene muchas similitudes con el viaje clásico del buscador espiritual, sobre todo como se manifiesta en el mercado global de la espiritualidad actual. 

También, como podríamos imaginarnos, tiene aspectos del Viaje del Héroe, el gran monomito que encontramos de una forma u otra en todas las historias que resuenan con nuestra humanidad.

El viaje de Olaf comienza cuando él se da cuenta de que algo fundamental hace falta (el “Llamado a la Acción” en el Viaje del Héroe, o lo que en el budismo Zen es llamado “despertar a la mente bodhi”). De inmediato se embarca en una búsqueda, experimentando las muchas y variadas tradiciones (“Aliados” o “Escuelas,” se podría decir) y recolectando algo valioso de cada una.

Siempre es más oscuro antes del amanecer

Pero entonces, justo cuando Olaf está regodeándose de sus logros, experimenta la pérdida de todo lo que había coleccionado y atesoraba. Entonces sucede su “descenso al inframundo” o su “noche oscura del alma.” Pierde la fe y esencialmente se da por vencido.

Cuando Olaf llega a su punto más bajo, de pronto cae en cuenta de que en realidad él mismo es aquello que había estado buscando.

Y esa es la otra enseñanza profunda que encontré en la caricatura, quizás la más profunda de todas. 

Somos lo que estamos buscando

Al ser visto en su esencia (algo que suele suceder en el Circling), Olaf se da cuenta de que lo que había estado buscando está, parafraseando a una expresión Sufí, “más cerca que su vena yugular.”

En palabras de Alan Watts, “no puedes encontrarlo, porque ¡eres tú¡”

O, como dijo San Francisco de Asís, “lo que buscamos es precisamente aquello que está buscando.”

(De nuevo, mientras lees estas palabras, ¿qué emerge en ti? ¿Te resuenan o te hacen sentido? ¿O quizás te provocan escepticismo o confusión?)

Sea cual sea lo que notas, ¿acaso puedes notar aquello que está notando, notar al “experimentador” como tal? ¿Puedes encontrarlo? O, más directamente, ¿puedes evitarlo? ¿Puedes dejar de tener tu experiencia en este momento?

En lugar de simplemente contemplar esto con tu mente, te invito a que te tomes un momento para realmente revisarlo en tu experiencia. ¿Qué es lo que descubres? (Cuando yo hago la prueba, lo que descubro es que no puedo encontrar a un “experimentador” por ningún lado, solo una sensación de apertura, presencia, claridad, vacío, serenidad, etc.)

La práctica de no-hacer

Parte del porqué la práctica de Circling puede ser tan profunda es porque estamos, por así decirlo, practicando el no-hacer.

En esta práctica existe una invitación constante a entregarnos a lo que el Zen llama “la mente siempre-presente que no busca ni se aferra,” al tiempo que incluimos, notamos y exploramos cualquier impulso que tengamos por buscar, hacer, cambiar o arreglar algo.

Y lo que es notable es que hacemos esto juntos, mientras nos comunicamos de maneras verbales y no-verbales. Esto es lo que distingue al Circling de otras formas de meditación o mindfulness. 

Cuando “la magia se da,” cuando el grupo es liderado de manera poderosa (y por ende es invitado a liderarse a sí mismo), el momento presente se vuelve una exploración del auto-liderazgo que incluye una exquisita consciencia de la interconexión de todo. 

Este no-hacer colectivo puede a su vez convertirse en un espacio en el que cualquier cosa que esté inhibiendo nuestra entrega completa al momento presente puede emerger naturalmente y ser vista, enfrentada y liberada.

Hacer desde el no-hacer

En mi opinión, el Circling en su mejor expresión cultiva la capacidad de habitar y transmitir lo que los taoístas llaman “wei wu wei” o “hacer desde el no-hacer.” Esto es muy similar a los llamados “estados de flow.”

Es una experiencia potentemente paradójica de ser “vivido por la vida,” confiando completamente en lo que quiere emerger a través de nosotros, y a la vez siendo plenamente responsables por nuestra experiencia y agudamente conscientes de nuestro panorama interior y nuestro impacto exterior interdependiente. 

Esta manera de ser y de relacionarnos puede llevarnos a una consciencia encarnada de cómo, tal como Olaf descubre, aquello que hemos estado buscando ha estado aquí siempre.

Gran plenitud

Mientras pasan los créditos de la película, con la canción final aún sonando en mi mente, (“…y es que estando juntos, mi mejor lugar, al fin…”), siento en el cuello la respiración dulce y veloz de mi pequeño Alexander y me siento lleno de plena gratitud.

Agradezco todas las maneras en las que la práctica de Circling me ha abierto y ha traído más partes de mí a la luz, al grado de que puedo recibir una profunda transmisión de sabiduría de un bobo muñeco de nieve animado.

Agradezco este momento simple de presencia compartida con mi hijo dormido, quien empieza a moverse y pronto empezará a pedir con llanto la leche de su madre.

Y sobre todo agradezco poder reconocer que, aunque seguramente seguiré coleccionando toda clase de cosas interesantes en mi “trineo” (y Alexander también lo hará), aquello que añoramos más profundamente en realidad es esta “simple sensación de ser,” (como diría Ken Wilber) tan íntima e inmediata, la única cosa que es imposible de perder.

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