Las dos vías principales
del crecimiento personal.

Relación del despertar místico y la estructura de la conciencia que lo interpreta

Por Joan Humberto Font
Según el brillante filósofo norteamericano Ken Wilber, el crecimiento personal debe de tener en cuenta, como mínimo dos vías diferentes, la del crecer (plenitud de la forma), que mayormente viene de occidente, y la del despertar (libertad del conflicto entre sujeto y objeto) que mayormente viene de oriente. Aunque Wilber no pierde nunca de vista que la realidad es no dual, no dualidad entre forma y Vacuidad.

En el camino del crecimiento, tenemos que la vida en su desarrollo va formando estructuras, pues de no ser así, simplemente se desparramaría sin forma. Y en el tema que tratamos ahora, el del crecimiento personal, nos centraremos en las estructuras de la conciencia. La cognición pre-operacional, por poner un simple ejemplo, tiene su estructura o pauta estable. Entonces tenemos que, cuando la energía-consciencia infinita de la vida, se manifiesta y por ende, toma forma y evoluciona, lo hace como pautas, patrones o hábitos kósmicos, tanto más estables cuanto más repetidos sean. Aunque, por muy estable que sea una pauta, siempre hay posibilidad de cambio, novedad y creatividad.

Y por otra parte, cabe decir que hay muy diversas dimensiones de la conciencia, que se desarrollan hacia estructuras de cada vez más complejas, significativas, y menos egocentradas, como por ejemplo la dimensión cognitiva, la dimensión de la percepción estética, la dimensión de los valores de cada persona, etc. Así pues, tomando por ejemplo la línea evolutiva de los valores, veremos que su nivel de inicio recibe el nombre de arcaico, desde donde puede proseguir evolucionando hacia una estructura o nivel llamada mágica por los teóricos que la investigan, desde ahí el crecimiento proseguiría a la estructura mítica, de esta a la racional, más adelante a la pluralista, la seguiría la integral y finalmente la supraintegral.

Por otra parte, en el camino del despertar, podemos ir volviéndonos de cada vez más conscientes de todos los reinos, es decir, podemos ir despertando a realidades de cada vez más sutiles, refinando nuestra percepción y sensibilidad a realidades que van desde las más obvias y densas, a las menos obvias y más sutiles.

Así pues, tenemos cinco grandes estados naturales de conciencia:

  1. El estado ordinario o vigílico, donde te das cuenta del mundo objetivo, material y la simple conciencia de ello, la realidad psicofísica.
  2. En el estado sutil, percibes sentimientos de amor, beatitud, alegría, claridad, felicidad… muy elevados e intensos, y también ira, odio, celos…; imágenes onírico-visionarias, mundos y “seres” de luz; estados de gran luminosidad e iluminaciones audibles; etc.
  3. En el causal parecen surgir las formas más sutiles de todas, las formas primordiales muy sutiles, como por ejemplo, geométricas (origen de toda forma posterior), sonidos primordiales muy sutiles (origen de todo sonido posterior), la misma matriz del espacio-tiempo en sí misma, formas coloreadas (origen de todo color posterior). Todo esto a menudo permeado con Gozo radical, Amor puro, Belleza Infinita, y Libertad ilimitada.
  4. En el estado de Testigo Vacío creativo pleno o Turiya, la mente debe de estar completamente limpia de cualquier concepto. Es una conciencia clara, desnuda, atestiguando ecuánimemente todo lo que pueda aparecer y quedando en presencia pura, desapegada y libre.
  5. En el estado no dual, ves claro que el Vacío es forma, y que la forma es Vacío. Ahí, el mundo de la forma observada, y la Vacuidad clara y abierta del “Yo Real Testigo”, son vistos como uno (o mejor dicho no dos).

La representación gráfica resultante de la combinación de esas dos vías básicas del crecimiento personal, crecer y despertar, la podéis ver en el siguiente diagrama, que idearon de forma separada y al mismo tiempo Ken Wilber y Alan Combs.

En principio, como da a entender el gráfico Wilber-Combs de las variedades generales de las experiencias místicas, desde cualquier estructura de la conciencia se puede tener cualquier clase de despertar. Así pues, por ejemplo, una experiencia cumbre de estado causal, será interpretada de forma muy diferente si se interpreta desde una estructura mítica-tradicional (color ámbar) a si se interpreta desde el nivel pluralista-postmoderno (color verde). Así pues, habrá una gran variedad de experiencias cumbre (o en ocasiones experiencias meseta, e incluso estabilizaciones) de estado, como puedes ver en dicho gráfico.

Por eso, en lugar de decir: “esa persona describe una experiencia mística de estado sutil”, deberíamos decir: “esa persona está describiendo una experiencia mística de estado sutil/mítico-tradicional, o sutil/supraintegral, etc., puesto que tal interpretación es muy diferente la una de la otra. Y, además, esas diferencias se diversifican mucho si las personas que han tenido la experiencia sutil/ámbar, por poner un ejemplo, fueran de culturas y tradiciones diferentes. Por eso, poniendo otro ejemplo, los seres de luz que pueden aparecer en una experiencia sutil/mítico-tradicional, pueden ser interpretados desde la estructura ámbar, y si se es de tradición cristiana, interpretará que ve ángeles, santos, la Virgen, o Cristo…; si es de tradición budista puede interpretar que son bodisatvas, etc.; si es induista, verá dioses védicos, etc. Y si uno interpreta los seres de luz que se pueden presentar en estado sutil desde el nivel estructural violeta, en la mayoría de las veces los interpretará como formas o pautas arquetípicas primordiales de la mente.

E incluso podríamos afinar mucho más nuestro análisis sobre la variedad de las experiencias místicas si tuviéramos en cuenta que el individuo puede estar activando diferentes líneas o dimensiones cuando tiene una determinada experiencia mística. Por eso, la persona que experimente el estado sutil, utilizando la inteligencia cognitiva, tendrá una experiencia bastante diferente de quien experimente el mismo estado sutil utilizando la inteligencia estética o la inteligencia moral, etc. Así pues, por ejemplo, en las experiencias de estado sutil, puedes activar unas líneas o dimensiones, y desactivar otras. Hay gente que ve colores y pinta cuadros fruto de sus éxtasis, otros hacen poemas, Wilber escribió la Teoría Integral, Dante dijo que escribió la “Divina Comedia” después de un éxtasis, otra gente cambia su vida fruto de una experiencia de unión con la naturaleza y se entrega a trabajar como ecologista activista, por poner unos simples ejemplos de interpretarlas o descodificarlas mediante diferentes líneas o dimensiones.

La objetivación de los diferentes estados de conciencia

Un tema fundamental en cuanto al crecimiento personal integral, es la objetivación estable de los distintos reinos del espectro de la realidad (ordinario, sutil, causal, testigo y no dual), es decir, volver plenamente conscientes los diversos estados de la experiencia mística (con toda su diversidad de objetos o cosas que allí encontramos, de cada vez más sutiles, perceptibles), como si se trataran de objetos que tu “yo” puede atestiguar, incluso desde el estado de vigilia.

Es posible estabilizar la conciencia de los reinos ordinario, sutil y causal (técnicamente llamado objetivación de estados), desde un trasfondo constante del estado de testigo, por ejemplo, aun estando en vigilia. Y continuando con el mismo ejemplo, tal individuo, en una meditación de estado sutil, podría continuar con un trasfondo de conciencia de testigo Vacío ecuánime.

Dicho de otro modo, través de tener muchas experiencias místicas fruto de una disciplina perseverante, o por la intensidad de las mismas, se puede llegar a estabilizar la conciencia de estados (objetivación de estados), en el trasfondo de la conciencia, en todo momento. Los estados de unio mistica pueden producirse con elementos del reino ordinario, con los elementos del reino sutil, y con los del reino causal, o unir tu “yo” con el testigo sin forma o con la esidad no dual, que trasciende la dualidad testigo y lo atestiguado en la simple inmediatez de lo que es. Y tales estados de unidad pueden llegar a impregnar el “yo” de tal manera que la consciencia de estado se estabiliza incluso en la vigilia, y poniendo por caso que las prácticas meditativas fueran de estado causal, la vigilia de ese practicante perseverante puede embeberse de la consciencia de estado sutil, o sea que percibiría la realidad de objetos ordinarios y también, al mismo tiempo, la realidad sutil, como disponiendo de una percepción que capta en alta definición lo que antes no podía ver por falta de sensibilidad refinada, presencia lúcida, atención plena y silencio interno.

Y no se trata de que se tenga que mantener una conciencia autoreflexiva constantemente (yo siempre soy consciente de ser consciente), sino simplemente que, aún cuando emerja una sensación de identidad separada (o “yo”), hay una sensación omnipresente de una conciencia trasfondo, de una conciencia contextual mucho más amplia, inmensa y profunda, en la que emerge el “yo” propio de la estructura en la que se esté (con su peculiar manera de interpretar lo que ve) y en la que emerge también el resto de los objetos que es capaz de captar (ordinarios, sutiles o muy muy sutiles, que serían los causales).

Entonces, la sensibilidad a los objetos más sutiles de la conciencia se puede mantener fuera del estado meditativo, en la conciencia vigílica. Por ejemplo, una persona puede estabilizar de forma constante y permanente la percepción de lo causal, y eso no significa estar siempre en trance meditativo causal, sino que, estando en estado de vigilia, dispone de un trasfondo de conciencia causal accesible estable (que integraría lo sutil, pues simplemente los objetos de lo causal son muy muy sutiles, y evidentemente, si puedes percibir lo muy muy sutil, puedes percibir lo sutil, que es más fácil). Y eso se puede conseguir, como he dicho antes, bañándose muchas veces en el estado causal, practicando alguna disciplina meditativa, contemplativa… con cierta perseverancia, o por experiencias místicas muy intensas (que pueden durar horas o días enteros) frutos de la Gracia, como por ejemplo lo que le pasó a Ramana Maharshi en su adolescencia, que tras la muerte de su padre, en una profunda tristeza, decidió entregarse al Espíritu, preparó su propio lecho de muerte y se tumbó en él, decidido a morir (aunque sin suicidarse), y la experiencia que tuvo fue tan inmensa que lo estabilizó ya, para siempre, en un estado de conciencia estable en Turiya (testigo), aunque desde una visión del mundo y unos valores (estructuras) de nivel mítico entrado en racional racional (que podría ser un nivel en sí mismo, aunque por simplificar he decidido no poner este nivel que se encuentra entre el ámbar y naranja, pues tales niveles no se pueden ver a simple vista, como los paralelos y meridianos de un globo terráqueo, sino que, obviamente son construcciones teóricas y objetivas, para dar sentido y explicar la evolución de la conciencia).

Al nacer y durante la infancia, solamente tenemos consciencia del estado ordinario aunque todavía no estaría objetivado. Los demás estados, en la niñez y en la mayoría de adultos, nos son inconscientes durante la vigilia. Practicando algún tipo de unio mística con la naturaleza, se puede llegar a objetivar esa unidad de todo el mundo ordinario, manteniendo siempre esa consciencia en el trasfondo de la conciencia vigílica normal. Practicando la conciencia en los sueños lúcidos, y también con la práctica meditativa de estado sutil, se puede estabilizar la conciencia de lo sutil como trasfondo en la vigilia. Y así, sucesivamente, transitar y estabilizar la conciencia hacia de los estados más elevados del despertar.

Además, con la objetivación del estado ordinario, desde la visión del “yo sutil” te vuelves consciente de tu propio “yo” de aquel estado, que es el “ego”. Con la objetivación del estado sutil, desde el punto de observación del “yo causal”, te vuelves consciente del “yo sutil o alma”. Con la objetivación del estado causal, desde el punto de observación del Testigo puro, te vuelves consciente del “yo del causal o Yo Superior”. Con la objetivación del Testigo, desde la Esidad no dual, te vuelves consciente de la subjetividad pura. Y desde la Esidad no dual, ves claro que no existe barrera o separación real entre el sujeto que atestigua y el mundo con sus seres y cosas atestiguados. Entonces tenemos que la instancia de identidad que objetiva el sujeto (yo) de un estado, es el sujeto del siguiente estado. Un ojo no puede mirarse a sí mismo, aunque puede mirar a otro ojo, y es ese otro ojo-sujeto el que ve como si se tratara de un objeto el ojo-sujeto de su estado anterior. Y así se producen los despertares a más elevados puntos de observación de la realidad. Aquí cabe advertir que, como no hay (todavía) estados más allá del no dual (ni estructuras más allá de la de la Supermente), técnicamente no hay lugar ni instancia de identidad  desde la cual objetivar el estado no dual. Así pues, puedes estabilizar la conciencia no dual, aunque no puedes objetivarla.

¿Pero cuál es el primer nivel del desarrollo de las estructuras en el que estas objetivaciones de los estados pueden ocurrir?

Según nos explica Wilber en la nota 2 del capítulo 4 de “La religión del futuro”, para poder avanzar a través de los estadios de estado, se necesita una sensación de identidad (un “yo”) lo suficientemente fuerte. Y si bien se puede tener cualquier tipo de experiencia mística desde cualquier estructura o nivel del crecimiento, tales estados requieren de un mínimo de estructura para ser procesados e interpretados y que el indivíduo les pueda dar algún sentido.

Para objetivar la conciencia de estado sutil, el “yo” debe hallarse, como mínimo, en el estadio mágico/impulsivo (magenta) y, más habitualmente, en el estadio estructural mágico/mítico (rojo).

El momento más temprano para empezar la objetivación del estado causal, es el nivel estructural mítico (ámbar), aunque lo más habitual es que comience en el nivel racional (naranja).

Para llegar a la estabilización del estado no dual, como mínimo se tiene que estar en la estructura pluralista (verde) o, mejor aún, en el nivel holístico (esmeralda).

Parte de los datos empleados por Wilber para esbozar estas sugerencias, se derivan del registro histórico y de la correlación existente entre el centro de gravedad estructural promedio de una determinada época y las realizaciones de estado más elevadas que emergieron y estuvieron presentes en ellas.

Así pues, como prueba Wilber de manera contundente en su libro “Después del Edén”, el estadio recolector mágico, asistió a la emergencia del chamanismo de estado sutil inferior o misticismo natural (objetivación del estado ordinario psico-físico) y de estado sutil intermedio. Las primeras sociedades de valores míticos compartidos (ámbar) asistieron a la emergencia del misticismo de estado sutil superior (misticismo teista). Las primeras incursiones en estadio racional (naranja) asistieron a la emergencia del misticismo causal (muy muy sutil), propio del estado causal, y posteriormente el misticismo  sin forma, y al divorcio entre Nirvana y samsara, y entre el Uno y los muchos, del estado de Testigo. Y en los primeros atisbos de pluralismo y más en especial del pensamiento holista (esmeralda), que podemos ver en el “Lankavatara Sutra” (escrito en el siglo VI a. C.) y en el pensamiento que se forjó en la antigua universidad india de Nalanda, entre los siglos VIII y XI d. C., donde se desarrolló la tradición tántrica a su máximo esplendor, aparecieron importantes escuelas de misticismo no dual puro.

¿Y cuál es el estadio estructural más elevado en el que es necesario obetivar un determinado estado del despertar, para no quedar estancados?

Según Wilber, la estructura de la paramente (color añil) es el límite superior en el que se puede realizar la objetivación del estado ordinario (misticismo natural), es decir, no se logra ascender a esta estructura (ni a las siguientes) sin haber objetivado (o hecho consciente de forma estable mediante un “yo” sutil que lo puede observar como objeto, de ahí el nombre técnico de objetivar) el estado ordinario.

La estructura de la metamente (violeta) es el límite superior para objetivar el estado sutil (es decir que tal objetivación se vuelve una necesidad ineludible). Como ya hemos dicho, tal estabilización de estado puede suceder en estructuras menos elevadas como la mítica-tradicional (ámbar), aunque si tal objetivación del estado sutil no hubiera ocurrido, se podría seguir creciendo por las estructuras del desarrollo hasta llegar a la paramente (añil), donde se estancaria tu evolución por las estructuras. Así pues, si se quiere  ascender a la metamente (violeta), la objetivación del estado sutil es un requisito imprescindible. Y, dense cuenta de que, objetivar el estado sutil no significa ascender a la metamente (violeta), pues, como ya he dicho, la objetivación de lo sutil puede suceder en estructuras inferiores.

La sobremente (ultravioleta) es el límite superior para objetivar el estado causal y el estado de testigo puro.

Y la Supermente (blanco) es el límite superior para estabilizar el estado no dual. Teniendo en cuenta que, lo más probable es que la estabilización del estado no dual haya sucedido (en las agraciadas personas que se establecen en este estado) antes, ya que puede suceder a partir de que se cumpla el desarrollo estructural mínimo, en este caso, pluralista (verde).

Así que, podemos ver que hay una relación clara entre el crecer y el despertar, entre la evolución de las estructuras de la conciencia y la capacidad de atestiguar más reinos de la realidad.

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