LIDERAZGO CONSCIENTE

Reflexiones inspiradas en la vida y obra del gran líder Luis Bedoya Reyes

Por Herly Llerena.

Los atributos superlativos de los grandes líderes provienen de su enorme capacidad para percibir la profundidad de su mundo interno e interactuar con el universo circundante (Wilber, 1990), antes que de su inteligencia, conocimientos teóricos, locuacidad, carisma u otras condiciones similares.

Por eso, la mayor parte de la humanidad sigue la sabiduría perene de seres como Jesús, Buda, Lao Tse, Mahoma, etc. Sin embargo, resulta pertinente aclarar que tales atributos no necesariamente están vinculados a temas religiosos o espirituales, también incluye actividades cotidianas y aquellas propias de las ciencias, el arte o la política. Por tal razón, Albert Einstein sostenía lo siguiente: “Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de consciencia en el que se creó” (Quote, 2019).

Un nítido ejemplo de lo afirmado constituyen los legados de dos grandes líderes políticos; el homenajeado Luis Bedoya Reyes y, Víctor Raúl Haya de la Torre. Estos insignes peruanos le ofrecieron al país nuevos ideales a seguir con diferentes derroteros; los cuales, definitivamente, correspondían a niveles de consciencia superiores, como veremos más adelante. Además, este gran influjo, fue ejercido por ambos políticos desde las tribunas, puesto que ninguno llegó a ser Presidente de la República.

Consciencia:

Para comprender cómo pudieron estos personajes liderar desde una consciencia superior es preciso saber antes ¿De qué hablamos cuando hablamos de consciencia?

Hasta hace unos 40 años se creía que los fenómenos internos o de la mente eran una sola cosa; por tanto, se afirmaba que no había ninguna diferencia entre la inteligencia y la consciencia al constatar que, efectivamente, los seres inteligentes eran también conscientes.

Desde entonces, tal creencia se ha modificado drásticamente y hoy se tiene absoluta certeza de que dichos fenómenos son completamente diferentes. La inteligencia, que originariamente era atributo exclusivo de seres orgánicos, funciona como el procesamiento de datos y procesos lógicos para resolver problemas. Al haberse replicado estas capacidades en el campo de la informática, se han creado computadoras y robots inorgánicos que superan largamente a los humanos en tales atributos. Se calcula que en el año 2045 la inteligencia artificial será mil millones de veces superior a la inteligencia humana (República, 2018).

Sin embargo, las computadoras y robots más extraordinariamente inteligentes de hoy en día tienen el mismo nivel de consciencia de la primera computadora del año 1956: “cero” (Noah Harari, 2018). Al carecer de absoluta conciencia no sufren ni siquiera un poco. (Noah Harari, Charlas del Futuro). En cambio, cuando hablamos de consciencia, nos referimos a los sentimientos, experiencias y vivencias que permiten sufrir, alegrarse y gozar.

Pero además, la consciencia tiene que ver con el modo en el que un individuo se percibe a sí mismo, es decir a su “yo” y al mundo. (Llerena, 2018). De manera tal que, cuando responde a la pregunta ¿Quién soy? Lo hace su consciencia, antes que su inteligencia.

Ken Wilber, realiza una importante distinción entre los estados de consciencia y los niveles de consciencia. Los estados son: la vigilia, el sueño y sueño profundo. Y, dentro de ellos, los estados meditativos y lo estados alterados inducidos por drogas y experiencias cumbre. (Wilber, Espiritualidad Integral, 2007) La característica más relevante de los estados de consciencia es que son temporales. Aparecen y desaparecen sin importar qué tan profunda haya sido la experiencia.

En cambio, los niveles de consciencia constituyen rasgos permanentes, como cuando un niño adquiere el dominio del lenguaje en un momento de su desarrollo. Eso mismo es lo que ocurre con la adquisición de una forma de comprensión más compleja, una vocación ética más elevada o, en suma, una mayor consciencia.

Las distintas manifestaciones de esta consciencia han sido sintetizadas en niveles, los cuales se nombran siguiendo la referencia del espectro de colores y son: 1. Infrarrojo, 2. Magenta, 3. Rojo, 4. Ámbar, 5. Naranja, 6. Verde, 7. Turquesa, 8. Añil, 9. Violeta, 10. Ultravioleta y 11. Luz Clara. Esta escala avanza, de menor a mayor, en profundidad y altitud de conciencia (Wilber, Espiritualidad Integral, 2007).

Estos conceptos sintetizan la forma en la cual, tanto individuos como organizaciones, perciben el mundo y operan en él. Cabe añadir que estos se desenvolverán desde alguno de estos niveles de manera constante y preponderante, aunque temporalmente puedan acceder a otros. Tal sería el caso de aquel que estando en nivel rojo accede temporalmente a turquesa, por influencia de una conversación o lectura, pero al cabo retorna a su nivel de origen.

La razón por la que no es posible acceder tan sencillamente a niveles de consciencia profundos, en forma permanente, es porque existen anclas correspondientes a los primeros niveles que emergen compulsivamente en el momento menos pensado, particularmente en situaciones de estrés. Tal es el caso, por ejemplo, de alguien que estando en un nivel elevado como el Turquesa de pronto se ve abatido por la angustia del ancla de la “supervivencia”, correspondiente al nivel más bajo que es el infrarrojo, y comete los más repudiables actos de corrupción.

Dicho de otro modo, todos tenemos el impulso evolutivo de ir hacia niveles de consciencia cada vez más profundos o superiores, pero llevamos anclas que se originaron en los niveles más básicos, correspondientes con experiencias de nuestra niñez o adolescencia. Estas anclas deben ser incluidas y trascendidas para poder estar acorde a tal impulso evolutivo.

Con esta base teórica he elaborado el siguiente Cuadro Nº 1, el cual es una Matriz de Evolución de Consciencia de individuos y de organizaciones (Laloux, 2014), considerando únicamente cinco de los once niveles, a fin de ser más sucinto.

Cuadro Nº 1: Matriz de Evolución de la Consciencia.

Niveles de consciencia en la política peruana:

A continuación vamos a examinar la política peruana a luz de los filtros que nos ofrece esta teoría, para después referirnos a cómo fue la contribución específica de distinguidos líderes políticos, tales como Luis Bedoya Reyes y Haya de la Torre.

Rojo:

             Como se dijo anteriormente, en este nivel se encuentran aquellos que perciben el mundo como un lugar exageradamente peligroso y amenazante. Ello ocurre porque no se han terminado de integrar aún ciertas necesidades básicas como la “supervivencia” o la “seguridad”, propios de los niveles infrarrojo y magenta, respectivamente.

            La sensación de carencia exacerbada de estas necesidades crea una exigencia compulsiva para ser atendida en forma inmediata, ilimitada y a cualquier costo. Cuando dicha exigencia se une con otra necesidad básica como el “poder”, correspondiente al nivel rojo, emerge esa conducta impulsiva y voraz, típica de este estadio egocéntrico.

            De allí también que su visión del mundo sea dual o polarizada, en la que sólo existen amigos o enemigos, por tanto, la cosas se hacen “a mi manera o a la tuya”. Una frase de Oscar Wilde refleja esta forma de pensamiento: “Todo lo que se haga en interés propio está justificado”.

                       Un claro ejemplo de este nivel de consciencia en la política peruana, se aprecia en el modo cómo se accedía y ejercían los cargos de virrey, corregidor y oidor de la Audiencia, en la colonia. Se subastaban al mejor postor bajo la práctica venal de la venta de oficios o cargos reales. (Quiroz, 2016) Quienes los compraban eran generalmente criollos acaudalados que establecían sus respectivos patronazgos para enriquecerse después expoliando a la población mediante tasas, tributos y otras prebendas abusivas.

            La emancipación y la  república no desencadenaron cambios sustanciales en este nivel de consciencia. En efecto, muchas de estas prácticas se reprodujeron con los primeros caudillos militares que abusaron de la expropiación, las corruptelas y el crédito interno y externo, luego con los “compadrazgos” de los líderes civilistas responsables de los contratos oprobiosos del guano, hasta llegar a la actualidad en la que, aquella tradición venal se ha transformado en los más grandes escándalos internacionales de corrupción como los del caso Lava Jato.

Ámbar:

            Frente al caótico rojo que sólo ve su perspectiva individual, se erige el nivel ámbar que, además, es capaz de contemplar las perspectivas de otros. Este gran salto evolutivo se debe a que, en este nivel, se manifiesta imperativamente la necesidad básica de “pertenencia” que da la sensación de valía dentro de una colectividad. En este contexto, las opiniones de los otros adquieren un valor supremo, por lo que es preciso luchar por su aprobación y aceptación.

            La impulsividad es reemplazada por la autoridad de las reglas, la moral y la culpa, que definen lo que es bueno o malo, justo o injusto, virtud o pecado, etc.; pero siempre dentro de una comunidad determinada.  Este tipo de autoridad crea espacios estables y predecibles que son confortables para el ámbar. De este modo, la forma de operar “a mi manera o a la tuya” se sustituye por “nosotros o ellos”. Por eso, en el terreno de la política, dicha polarización se expresa en la necesidad de mostrarse de “izquierda” o “derecha”, “revolucionario” o “conservador”, etc.

                       En la política peruana, ante las coincidencias o disidencias de intereses personales de nivel rojo de los caudillos militares y civilistas, en 1924, Haya de la Torre funda el primer partido político ámbar de la historia peruana: el APRA. Tuvo un ideario, una doctrina, normas internas, una organización muy eficiente aún durante los largos períodos de clandestinidad y una mística que muchos consideraron una religión.

La creación del APRA fue el punto de quiebre para que la política adquiera un carácter de servicio social y deje de ser el botín de reparto de caudillos y patronazgos. A partir de este hecho se fundaron después otros partidos dentro de este nivel de consciencia ámbar, tales como: Acción Popular, con Fernando Belaunde Terry, en 1956; el Partido Demócrata Cristiano, con Héctor Cornejo Chávez y Luís Bedoya Reyes, también en 1956. Este último, en 1966, se separaría para fundar el Partido Popular Cristiano (PPC).

El zenit de estas organizaciones ámbar en la política peruana fue la Asamblea Constituyente de 1978, allí confluyeron las fuerzas de los partidos políticos como organizaciones típicamente etnocéntricas, dejando atrás a los protagonistas de raigambre egocéntrica. La estampa de tal suceso la puso Luis Bedoya Reyes, con su gesto noble de reconocer como presidente de la Asamblea a Haya de la Torre, declinando su propia postulación como candidato.

Se hubiera esperado que esta pléyade de organizaciones ámbar sellara también un ámbar mayoritario del país, para después avanzar al nivel naranja. Pero la evolución también retrocede y eso es lo que parece haber ocurrido con estos partidos y otros que aparecieron después, que volvieron a operar con rasgos del rojo egocéntrico.

No obstante ello, hubo líderes que continuaron mostrando el camino señero hacia los nuevos horizontes que el concierto de países con consciencia más avanzada estaban señalando. Entre esos líderes estuvieron, nuevamente, Haya de la Torre y nuestro homenajeado Luis Bedoya Reyes.

Naranja:

            En este nivel las certezas y confort del ámbar son perforadas por el afán de alcanzar logros personales y éxitos laborales, lo cual se alcanza tomando las mejores decisiones que están guiadas por la razón y la ciencia. Por ello, el paradigma del “bien y el mal” es reemplazado por el “funciona o no funciona”.

            El pensamiento racional surgió con la Ilustración y la Revolución Industrial, pero se consolidó después de la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose en el paradigma favorito de la mayoría de líderes empresariales y políticos del mundo. De allí también su otro calificativo: mundicéntrico, que alude a una comprensión global como la “Declaración Universal de Derechos Humanos” o la “globalización de la economía”.

            Por supuesto que el Perú no fue la excepción a la regla y, por ello, entre los más preclaros líderes políticos que anunciaron esos nuevos rumbos, aparecen otra vez los nombres de Haya de la Torre y Luis Bedoya Reyes. El primero, intentó horadar posiciones sectarias al interior de su movimiento con mensajes como el siguiente:

“… En estos dos capitalismos, que representan, simbolizan o personifican los soviets de Rusia y Estados Unidos, se ha insertado, como un protagonista nuevo, como una Némesis en las tragedias griegas, la revolución científica y tecnológica. Este es el tercer personaje del drama, la revolución científica y tecnológica viene e irrumpe los principios de la ortodoxia, de la dicotomía entre el capitalismo y la clase trabajadora. Y entonces dice aquí viene otra persona, viene la técnica, viene la ciencia, viene otro tipo de trabajador; el trabajador intelectual, el trabajador científico, el trabajador tecnológico que ya no anda rastras como creía el marxismo de la revolución proletaria, sino que es un personaje protagonista, alguien que se incorpora al escenario decisorio de nuestra historia. Nosotros nos adelantamos a este destino, sin ciencia, sin educación, sin conocimiento no hay desarrollo. Entonces la Universidad Popular tuvo razón…” (Haya de la Torre)

            Por su parte, Luis Bedoya Reyes lanzó un mensaje “naranja” desde sus orígenes cuando se declaró de “centro derecha”, por estar a favor del sector empresarial y postular la economía social de mercado, la cual quedó plasmada después como designio para el país en la Constitución Política de 1979.  También personificó a la gerencia de la política cuando fue Alcalde de Lima e hizo obras de largo aliento como el “zanjón”.

            Un mensaje de Luis Bedoya Reyes de un notorio nivel naranja que puede destacarse es el siguiente:

“No se gobierna a base de doctrinas, obviamente, nuestra doctrina contiene principios, pero en realidad se gobierna en base a programas con objetivos, horizontes y caminos. La gente quiere conocer las soluciones a sus problemas. La política está hecha, para las personas que reciben un mandato que deriva del pueblo y que los transforma en autoridad. Quienes han estudiado, quienes han elaborado un programa político, tienen la obligación de realizarlo, no bastan solamente los principios (…) Lo que termina siendo básico para el pueblo es, qué programa tienes, si no hay un programa político, los partidos políticos pasan a ser una academia pero no un instrumento de gobierno, por eso cuando veía a tantos jóvenes al ingresar, tan endebles, me daba pena pensar que ya no puedo coger tiempo para ellos y volver a trabajar en los programas de gobierno, sin los cuales no vale un partido político.” (Bedoya Reyes, 2019)

            El Perú tuvo varios llamados como estos hacia el nivel de consciencia naranja, pero desafortunadamente no han podido ser escuchados por la mayoría de la población que aún se mantiene entre el rojo y el ámbar. También han habido episodios de políticas  naranja, como aquéllos ocurridos durante el gobierno de Alberto Fujimori entre 1990 a 1993, quien estando en niveles más básicos, tuvo el acierto de convocar una pléyade de personas que sí estaban en el nivel naranja, los cuales propiciaron un despliegue de acciones políticas correspondientes a este nivel. Por supuesto, eso no cambió sustancialmente el nivel de consciencia del país, de otro modo, el 72,4 por ciento del país no sería informal. (Estadísticas, 2019)

Verde:

            Frente a la obsesión materialista, la desigualdad social y económica y la pérdida del sentido de comunidad, que es la sombra del nivel naranja, emerge una perspectiva pluralista verde. En esta, el paradigma procura la igualdad, la justicia, la armonía, la cooperación y el consenso, a fin de forjar una sociedad sin castas, clases sociales, patriarcado, religiones institucionalizadas u otras estructuras similares.

            Ellos son los que comenzaron impulsando la abolición de la esclavitud, la democratización de las sociedades, la liberación femenina, los derechos LGTBI, entre otros. Por estas razones se denominan también multimundicéntricos. Está presente mayoritariamente en el pensamiento académico postmoderno, en las organizaciones sin fines de lucro, empresas B, trabajadores sociales y los activistas comunitarios.

            En el Perú están presentes a través de diversas ONGs que se dedican a la defensa de: derechos humanos, derechos de consumidores y usuarios, víctimas de violencia contra la mujer, cuestiones de género, derechos LGTBI, libertad de prensa, transparencia y corrupción, democracia, economías alternativas, medio ambiente y ecología, etc.

            Resulta también frecuente ver que muchos políticos, que evidentemente están en niveles más básicos como el rojo o el ámbar, adquieren estratégicamente un discurso verde; a través de, por ejemplo, el lenguaje inclusivo. Con narrativas de este estilo alguna gente que profesa el “socialismo” y “patriotismo”, se hace de las mayores riquezas económicas. Tal es el caso de la hija de Hugo Chávez, que es la mujer más rica de Venezuela (Infobae, 2019) o el hijo de Fidel Castro que terminó siendo uno de los hombres más acaudalados del mundo (Mundo, 2019). El punto central, nuevamente, radica en saber observar dónde está el centro de gravedad de consciencia y eso se hace utilizando las herramientas que son propias de esta materia; ya que se debe distinguir a quienes realmente se encuentran en este nivel, con quienes lo usan como una fachada estratégica.

          El verde, como todos los niveles hasta aquí, tiene también su sombra y esta consiste en la siguiente contradicción de fondo: por un lado afirman que no hay verdades universales, que todos los hombres son iguales y que ninguna cultura es superior a otra, (igualitarismo); sin embargo, dicha afirmación es una verdad universal. Esta es la causa por la que muchos que están en este nivel sienten un gran vacío que los fustiga a seguir buscando.  

Turquesa:

            A diferencia de los anteriores niveles que se consideran como única la verdad que emerge desde sus respectivos filtros, el turquesa o integral reconoce el valor que tiene cada uno de ellos dentro de un proceso evolutivo conformado por dichos niveles. Es como un individuo maduro que sabe que ha llegado a ese desarrollo gracias a haber pasado por su infancia, niñez, adolescencia y juventud y que algo de todas esas etapas viven en su interior.

            Esta perspectiva que incluye llanamente las verdades de los anteriores niveles, permite abarcar todas aquellas verdades parciales, con lo cual se convierte en una verdad más verdadera, si cabe el término. Tal perspectiva, a su vez, hace posible que las personas u organizaciones que están en este nivel se vean más completas, productivas y eficaces.

            Entre otras cosas, por ejemplo, su motivación ya no proviene de aplacar urgencias provenientes de anclas de supervivencia, pertenencia, poder o éxito, sino de propósitos mayores conectados con la existencia misma. Por eso sus emprendimientos buscan el beneficio integral de todos los actores involucrados incluyendo el Kosmos.[1]

            Debido a que este nivel de consciencia apenas está empezando a emerger desde hace unos 40 años, es muy escaso aún el número de personas que están en este nivel y no alcanza aún el 5 por ciento de la población mundial. Sin embargo, se estima que su crecimiento tendría que ser raudo porque, de otro modo, no se podrán afrontar los enormes y crecientes desafíos globales de estos tiempos.


[1] La palabra "Kosmos" con "K" mayúscula, para diferenciarlo de cosmos que tiene un significado reducido a lo material, alude a la fisiósfera o mundo de la materia, biósfera o mundo de los seres vivos, noosfera o mundo de la inteligencia y el conocimiento; así como, la theósfera que es el dominio de lo transpersonal o divino.

Conclusiones:

  1. Para encontrar soluciones a los problemas más álgidos de nuestro país es preciso recurrir a las respuestas que se encuentran en los niveles de consciencia superiores, como hemos visto con Luis Bedoya Reyes y Víctor Raúl Haya de la Torre, que nos guiaron hacia derroteros verdaderamente señeros.
  2. La política actual en nuestro país está, preponderantemente, en un nivel rojo – egocéntrico, así lo confirman las acusaciones por corrupción a los gobiernos del último cuarto de siglo. Además, la carencia de partidos u organizaciones ámbar que la sustenten es tal que el propio gobierno actual no tiene partido. Frente a este lamentable designio, corresponde retomar los esfuerzos necesarios para consolidar el nivel de consciencia ámbar en la política y erigir sobre este un verdadero nivel naranja, para después continuar con los otros niveles.
  3. Es preciso comenzar a utilizar los métodos disponibles para la evolución de la consciencia integral en el ámbito de la política, como lo están haciendo en este momento las organizaciones de vanguardia en el mundo, que avanzan en forma metódica, sistemática y bajo indicadores de gestión.
  4. Los partidos políticos podrían proponerse empezar a ser guiados por “propósitos esenciales” tendientes a alcanzar colectivamente niveles de consciencia más profundos como el Turquesa – Integral, que incluyan y trasciendan: ideologías, doctrinas, planes de gobierno y estrategias con fines de toma de poder.

            Como se ha visto hasta aquí, el Liderazgo Consciente puede ser muy eficaz, ventajoso y práctico, tanto en el ámbito de la política como también el de las empresas y organizaciones de todo tipo. Por tal razón, el desarrollo de la consciencia resulta un imperativo categórico en el presente siglo, como lo fue la inteligencia para los siglos pasado y antepasado.

            Finalmente, dado que el desarrollo de consciencia de las organizaciones es directamente proporcional al de sus líderes, constituye responsabilidad de éstos emprender tal desarrollo a fin de acceder a niveles más profundos, en el menor tiempo posible. Por tal razón, los exhorto a informarse sobre los detalles de este camino que brinda una productividad integral, al ofrecer varias formas de rentabilidad, además de la económica, amén de muchas otras experiencias realmente satisfactorias y plenas.

Artículo escrito para ser publicado en la Revista Review of Global Management. Volumen. Facultad de Negocios de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)

Bibliografía

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